Por Armando J Garcia.
En política, hay decisiones que se anuncian…
y otras que simplemente ocurren.
La asignación de contrato para la recopilación de datos biométricos de millones de mexicanos —huellas, iris, reconocimiento facial— pertenece a la segunda categoría.
No es un tema menor.
No por su dimensión tecnológica, sino por lo que implica en términos de poder, control y confianza pública.
Más aún cuando estas decisiones se toman mediante adjudicación directa y bajo esquemas de información reservada con el argumento de seguridad nacional.
No estoy tratando de señalar culpables.
Quiero que entiendas el contexto.
Un empresario con crecimiento acelerado en contratos públicos, cuya trayectoria pasó de servicios operativos a proyectos estratégicos en áreas sensibles como seguridad, aduanas, aeropuertos y ahora identidad biométrica, se convierte en una pieza clave dentro de la estructura funcional del Estado.
Y eso abre preguntas inevitables.
No sobre una persona en particular.
Sino sobre el modelo de gobierno que se está construyendo.
No por ideología… sino por principios básicos de transparencia.
El argumento de “seguridad nacional” puede ser legítimo en determinados contextos.
Pero también puede convertirse en una zona donde el escrutinio público se diluye.
Y ahí es donde una democracia se pone a prueba.
El punto no es si en el pasado existieron prácticas similares.
El punto es si hoy se están reproduciendo bajo un nuevo discurso.
¿Por qué defender un proyecto político cuando los datos más sensibles de una población quedan concentrados en estructuras poco transparentes?
El problema es qué controles existen… y quién puede auditarlos.
En un país donde la confianza en las instituciones sigue siendo frágil, la concentración de datos sin mecanismos claros de rendición de cuentas no fortalece al Estado y lo vuelve más opaco.
Esto comienza a parecer una herramienta de control.
La pregunta a la ciudadanía es la siguiente.
¿Cuánto estamos dispuestos a dejar de cuestionar… y solo creer que todo lo que sale del gobierno debe ser aceptado?
